lunes, 2 de abril de 2018

MARTES DE BRUJAS EN XOXO

Ahora todo el mundo conoce estas fiestas emblemáticas del municipio de Xoxocotlán, distante unos 5 o 6 km del centro de la ciudad capital, caminando hacia el sur, sobre la ribera izquierda –o poniente– del río Atoyac.
Pero nos faltaba una publicación que nos respondiera quién, cómo, cuándo es que se institucionaliza lo que ahora es un importante festival, patrimonio cultural gastronómico de Xoxo.
Por fortuna ya salió la esperada edición, cuya portada es la siguiente y puede consultarse o conseguirse en la Presidencia municipal de Xoxo o en su biblioteca o buscando a la autora:


Lo escribió la reconocida promotora cultural de las tradiciones de Xoxo, excelente cocinera y creadora del concepto, doña Vicky, Virginia Alicia Ruiz Medina. Por fortuna contó con el apoyo del Lic. Alejandro López Jarquín, Presidente Municipal de Santa Cruz Xoxocotlán y empezó a circular precisamente en los recientes martes de Cuaresma de 2018.

Su texto de contraportada dice lo siguiente:
 Siempre en día martes, en el pueblo de Xoxo se preparaban para almorzar, comer y cenar los tamales de frijol. Y en los martes de Cuaresma “las brujitas” los vendían en la plaza del pueblo. Esta es una costumbre que se pierde en la noche de los tiempos. La venta de tamales de frijol y atole blanco, simple o endulzado con la miel silvestre de los panales de pipioli, abejones, avispas, también con la miel del maguey y de las cañas de maíz, al llegar los frailes evangelizadores traen consigo la panela/piloncillo, el azúcar y es entonces cuando al antiquísimo atole blanco se le agregan este tipo de dulces con los que se enriquecieron algunos alimentos.  

Pero la pregunta obligada es "¿Por qué brujitas?".

Porque así se llamaba a los pequeños mecheros con que iluminaban las tamaleras sus modestos puestos. cuando no había luz eléctrica en el pueblo. Una foto incluida en el libro nos ayudará a ser más explícitos, pues es una de la originales, antigüedad celosamente guardada por doña Vicky.

Una brujita encendida...

Una breve semblanza de la autora es la siguiente:
Virginia Alicia Ruiz Medina nace un 21 de mayo en el pueblo de Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca, del matrimonio de sus padres: la profesora Alicia Medina Narváez y del profesor Adolfo Ruiz Ricárdez, siendo hija única y pasando parte de su infancia en la solariega casona de sus abuelos maternos en un ambiente campestre y en esos años todavía rural. Sus primeros años escolares los realiza en su pueblo, terminando su instrucción en la Ciudad de Oaxaca de Juárez. En el año de 1978 es nombrada por el Sistema de Usos y Costumbres regidora de Educación de su Municipio, a partir de entonces comienza a realizar gestiones para rescatar las costumbres y tradiciones que conoció desde niña y que a través de los años con nostalgia veía que se iban perdiendo.
En ese mismo año crea y organiza los festivales de Martes de Brujas, invita a sus paisanas dedicadas a elaborar tamales de frijol y atole de panela, ya que esta venta era exclusivamente local. Con el propósito de dar a conocer la gastronomía del pueblo a nivel local, estatal, nacional... y por qué no internacional, se da a la tarea de difundir en los medios de comunicación, de esos años, estos festivales que se realizan desde 1978 hasta la fecha.
Para fortalecer la cultura y educación en Xoxocotlán personas interesadas en la docencia hacen eco y se involucran en la propuesta del Ing. Leonel Pérez Baigts y se funda el C.B.T.i.s., Plantel 159 en el año de 1990.
Con paisanos entusiastas se crea la Asociación Independiente de Ciudadanos de Xoxo A.C., y a iniciativa de ella el 1 de noviembre 1995 realizan la Primera Muestra Gastronómica Autóctona de la Cocina Mixteco–Zapoteca, Cultural y Artesanal. En el año 2000 se efectúa la segunda muestra, con la participación de expertas cocineras tradicionales y de personas afines en apoyar la cultura. Dichos eventos se realizaron con recursos propios y de las cocineras participantes de aquel tiempo.
El 9 de febrero de 2008 al cumplir 30 años de festivales realiza la presentación del primer folleto “Los Festivales de Martes de Brujas en Xoxocotlán”, donde describe la historia y origen de esta tradición.
Como parte de sus acciones para preservar la cultura, en el año 2016 como integrante del grupo “Memorias de Xoxo” rescatan y organizan la representación de la “Danza de los Viejos” de origen prehispánico.
A la fecha, la “Maestra Vicky” como es conocida continúa investigando, divulgando y promoviendo las tradiciones y costumbres, arte y cultura de su pueblo y de otros lugares.
Todas estas actividades las realizó con recursos propios.

Doña Vicky.

Un reconocimiento a su incansable labor se hizo con motivo de que "Los Martes de Brujas" cumplieron 40 años. El Munícipe escribió al respecto, a manera de:

PRESENTACIÓN



Considero fundamental apoyar toda iniciativa que preserve la historia y el gran valor cultural de Santa Cruz Xoxocotlán; contamos con una exquisita e inigualable gastronomía, costumbres y tradiciones que nos hacen un pueblo único en nuestro estado, una cultura reconocida a nivel nacional e internacional.

Mi reconocimiento a la maestra Virginia Alicia Ruiz Medina por su gran interés y trabajo para recopilar los cuentos y relatos que integran la riqueza cultural de Xoxocotlán. Su gran vocación de servicio la ha llevado a conseguir grandes reconocimientos para nuestro municipio.

A través de la suma de esfuerzos y en apoyo a la iniciativa ciudadana, el H. Ayuntamiento de Santa Cruz Xoxocotlán, Administración 2017–2018, ha logrado la publicación de estos ejemplares,celebrando así los 40 años de los festivales de Martes de Brujas.

Lic. Alejandro López Jarquín
Presidente Municipal de Santa Cruz Xoxocotlán, Oax.



martes, 27 de marzo de 2018

La iguana veracruzana y el garrobo oaxaqueño

El cuento que hoy ocupa esta entrada tiene la siguiente portada:


El tema del deterioro de la naturaleza es preocupación no solo de científicos y periodistas especializados, sino de autores como don Romaldo Garrido Altamirano, de Jalapa del Marqués, en el Istmo de Tehuantepec.

Acaba de sacar a la publicidad su historia narrada por una iguana verde, que es una bella hembra bautizada "Galanlí", jarocha y pispireta, y un garrobo oaxaqueño (iguana macho, de color negro) llamado "Nayase", muy galán y valiente.


Ambas iguanas se encuentran por casualidad en un punto del Istmo, pero han tenido contacto con humanos y desconfían de éstos. Al huir de su depredación, pues en el Istmo la iguana se guisa y consume en distintos platillos, desde tamales hasta moles, llegan a un paraíso natural poblado de una variedad de fauna y flora tan bonitos que les hace creer que están en el paraíso... Los demás pobladores del lugar y las bellas lunas de la selva hace que se enamoren las iguanas y se casen y tengan iguanitas, pero un día escuchan el estruendo de máquinas... ¡Es la civilización que llega con trascavos tumbando la selva, su hábitat! Y deben huir....




Todas estas aventuras están narradas con gracia, con humor y con ejemplar pedagogía y además están profusamente ilustradas, así que el cuento tiene una moraleja, pero antes, deja muchas enseñanzas respecto al valor de la flora y fauna nativas para que el planeta Tierra no acabe como el planeta Marte: sin una gota de agua, sin un solo árbol, sin fauna, sin luna, sin vida.

El autor escribió el siguiente texto en la contraportada:


LA PRESERVACIÓN DE NUESTRO ENTORNO ECOLÓGICO

En este cuento se quejan los animales del ser humano, porque les destruye su hábitat y los caza indiscriminadamente poniendo a las especies en peligro de extinción.

El autor y los que colaboramos en esta edición, esperamos que sea de su completo agrado y despierte en todos los que lean este libro la conciencia ecológica.


Don Romaldo Garrido Altamirano es autor de varios textos narrativos y de poesía. Aquí fue retratado con Nayaze y Galanlí por el estupendo ilustrador de su cuento, don Félix Sibaja Martínez.
Para comprar un ejemplar de este cuento por favor póngase en contacto con el autor al siguiente correo electrónico: aldogarrido.55@hotmail.com o al cel: 921 134 06 33.


A través de ellos puede conseguir otro libro del mismo autor. En éste se expresa su capacidad para la poesía. Su portada es la siguiente:




En esta escena que es poco usual, se puede ver como emerge completo el viejo convento y templo de Jalapa del Marqués, ya que por haber quedado en el vaso de la presa Benito Juárez, siempre está cubierto por el agua. Es una maravilla natural y en este caso, por causa de la gran sequía con que azotó al Istmo el año 2016, se pudo ver esta escena.
El libro tiene versos. Estos son dos ejemplos:



Los motivos del autor para escribirlo aparecen en contraportada de esta manera:

En Jalapa del Marqués, Oaxaca, fue construida una presa, las construcciones del pueblo quedaron bajo las aguas, a la fecha la única que permanece en pie, a pesar de las inclemencias del tiempo, es el templo de la Asunción de María.
Yo nací ahí en el Jalapa Viejo.
Inspirado por mi pueblo viejo, sepultado por las aguas de la presa “Presidente Benito Juárez”, compuse la canción La casa de abobe.
También escribí versos, en honor a los templos de Jalapa Nuevo, como el de San Sebastián Mártir, la Virgen del Rosario, la Virgen de Guadalupe, La Asunción de María y para el templo de la Santa Cruz, escribí Jesús Crucificado.
El relato de Dios nunca muere, lo escribí a la memoria de familiares y amigos que se nos adelantaron en el andar de la vida, de manera especial para mi cuñado José del Carmen Rodríguez Salazar, que falleció en días pasados en Coatzacoalcos, Veracruz, mejor conocido como el “Pato”.

Dedico este libro para mis hermanos oaxaqueños y hermanos veracruzanos, muy en especial para mi gente bonita de Jalapa del Marqués, Oaxaca y esa gente bonita de Nanchital, Veracruz.
También a familiares, amigos y a todas las personas que comparten el gusto por la lectura.

“Cuando un pensamiento lo escribes con sentimiento 
que sale del fondo del corazón, es amor y amor es poesía”.


Romaldo Garrido Altamirano.








viernes, 2 de febrero de 2018

LAS MUJERES DEL TEATRO EN OAXACA

Si bien se tiene por aceptado que los mejores años del teatro en Oaxaca correspondieron a la década de los 1960s, las artes escénicas no han dejado de ser un imán de entusiastas y público. En esta ocasión damos a conocer un libro que se enfoca en ELLAS, en lo que aportaron y en sus testimonios y se titula "Las mujeres del teatro en Oaxaca". Su portada es la siguiente, obra artística de Siegrid Wiese:



Como es característico en este blog, damos a conocer el índice del mismo para que el lector sepa de qué se trata en concreto la publicación. Va pues el índice y enseguida la presentación que explica la edición, coordinada por Bárbara García Chávez:




Y ahora la:



Cerramos esta entrada con los datos de la Coordinadora, doña Bárbara:


La edición, dice la contraportada, se debe a: Cultura Autogestiva Oaxaca, Administración Inteligente Real del Valle SA de CV, Consejo Ciudadano de Formación y Cultura Autogestiva AC y Secretaría de Cultura




viernes, 5 de enero de 2018

EDUARDO PIMENTEL MÉNDEZ, EDITOR Y PERIODISTA


PORTADA DE LA SEMBLANZA BIOGRÁFICA
DE NUESTRO ESTIMADO COLEGA.


Por Leandro Hernández Romero


Doña Arcelia Yañiz y don Eduardo Pimentel Méndez, ya fallecidos, fueron testigos y hasta protagonistas de hechos y cosas trascendentes de Oaxaca, haciendo un periodismo con amor, entrega y emoción que respondió a la época.

Doña Arcelia me expresó en vida, una y otra vez, que a don Eduardo no se le había hecho justicia por lo que hizo por Oaxaca a través de la prensa. Incluso ella se ofreció a coordinar la iniciativa, pero ésta no se llegó a concretar.

Por eso valoro en grande que la Secretaría de las Culturas y Artes del Estado, a cargo de la maestra Ana María Vásquez Colmenares Guzmán, abra un espacio para rendir homenaje a estos dos grandes periodistas para que la Asociación de Amigos de la Hemeroteca “Néstor Sánchez Hernández” renueve la fotografía de doña Arcelia y coloque la de don Eduardo Pimentel en la galería de ilustres oaxaqueños, pilares del periodismo y la cultura que han hecho historia.


El reportero Pimentel, en sus años de juventud.

Don Eduardo nació con el siglo XX y se forjó en los valores de libertad y justicia, anhelos del pueblo oaxaqueño. Fue un reportero de a pie y bicicleta. Así buscó la noticia cotidiana cuando laboró en El Oaxaqueño. Una de sus glorias y también de Oaxaca, fue sin duda el haber dado la primicia o la exclusiva local, la que se difundió a nivel nacional e internacional, sobre el descubrimiento del tesoro o las joyas de Monte Albán, el 7 de enero de 1932, hallazgo hecho por el doctor Alfonso Caso, su esposa María Lombardo y un equipo de personas nativas de los Valles, según lo documenta la escritora oaxaqueña Luz María González Esperón en su libro Perfiles de Oaxaca.

Don Eduardo conoció en El Oaxaqueño a personajes como don Ángel Taracena, destacado periodista y escritor, con cuyas enseñanzas y recomendaciones afianzó la práctica del oficio y sobre todo su profundo amor a Oaxaca, su cultura y sus tradiciones. Ahí coincidió también con don Everardo Ramírez Bohórquez, maestro en el arte del buen decir y escribir, quien fue después un cronista excepcional de la ciudad de Oaxaca de Juárez en décadas recientes, y doña Arcelia Yañiz, una gran mujer que ya destacaba desde entonces como periodista, poetisa y promotora cultural, quien apoyó a numerosas generaciones de jóvenes en el arte de la declamación, el teatro y el buen escribir.
Don Lalo concibió la idea de fundar un nuevo periódico, el Oaxaca Gráfico, con don Everardo y doña Chela, quienes fungieron después, sucesivamente, como directores en diferentes épocas. Después de ellos, en la década de los años setenta, el periodista Gustavo Santaella Cruz fungió como subdirector y Luis Antonio Santiago, jefe de redacción.


En el atrio de Xochimilco, don Lalo, su hijo Lalito y doña Natividad Blanco de Pimentel, su esposa.

El novedoso diario empezó a circular dos años después del diario El Imparcial, a partir del día jueves 19 de noviembre de 1953 hasta mayo de 1981, bajo el mando de don Eduardo, registrando tantos acontecimientos históricos, políticos, sociales y culturales en sus cuatro páginas primero y de seis posteriormente. En el mes de junio de 1981, Oaxaca Gráfico pasó a otra administración.
Don Lalo, miembro de la organización de Periodistas Oaxaqueños Unidos, primero, y de la Unión de Editores de Oaxaca, después, fue un empresario pero se impuso siempre su vocación y criterio periodísticos. Cuidó en todo momento la política editorial y no en pocas ocasiones él y doña Chela se enfrascaron en discusiones inteligentes para definir cómo debía salir la información motivo de los puntos de vista encontrados. Era interesante para nosotros los reporteros presenciar esta escena porque aprendía uno de ellos para llegar finalmente a un consenso, sin guardar ningún rencor.
Él no dejó en ningún momento su libreta de bolsillo, su lapicero y su máquina de escribir. Hombre de carácter y buen humor, procuró junto con los directores en turno que “El diario de la provincia”, lema del periódico, tuviese ese genio, sabor y color de Oaxaca. Eso lo hacía diferente de los demás.
Era fino hasta en las bromas y muy juguetón, pero enérgico como doña Chela en el trabajo. Con un sentido humanitario y de solidaridad con las causas justas, fue más allá de la promoción de actividades en el periódico. Tanto él como doña Naty apoyaron a niños y jóvenes que se acercaron a ellos. La pareja tuvo un hijo: Eduardo Pimentel Blanco.


El Presbítero e historiador don Humberto Medina Villegas, bendice la prensa tipográfica del Oaxaca Gráfico, en 1964. Lalito Pimentel Blanco sostiene un crucifijo y una vela durante la ceremonia.


La línea editorial se expresaba en la columna Marginal, donde escribía nuestra directora doña Arcelia, el compañero Jesús Ramos Dávila, dedicado a la cultura y ahora a la medicina natural, y en ocasiones el autor de estas líneas.

Comparto en este relato lo que me tocó vivir desde que llegué al periódico a finales de 1963, en que estaban muy activos el cronista parlamentario Manuel Sánchez y el reportero de todos los moles Rufino Sánchez; era directora doña Arcelia Yañiz. Después laboraron en diferentes épocas el audaz Gustavo Santaella Cruz, los hermanos Luis Antonio y Felipe Santiago Montes, Juan Aguilar Pérez, Antonio Mejía García, quien falleció en el terremoto de 1985 en la ciudad de México; Silvio Aguilar, Florencia Basulto Nelson, Amado Sanmartín Hernández, articulista ahora del diario Noticias; Salomón Martínez Sánchez, Rodolfo Reyes López y Federico Ramírez, entre otros, quienes caminaron y trabajaron bajo esa ruta entusiasmados porque la nota reporteada saliera al día siguiente y que el periódico se vendiera como pan caliente.

En la sección de deportes estaban los cronistas Jorge Torres García y Alberto Sánchez Vera; en la de policía Mauricio Mauro Ramírez Hernández, quien fundó más tarde el periódico Rotativo, y José Alonso Santaella, pero de alguna manera todos tuvimos que salir a reportear la nota rota o la social; acudir a los servicios de emergencia, a la comisaría, la Cruz Roja, las agencias del Ministerio Público; ir a la estación de ferrocarril, a los templos o a la fuente que uno eligiese y era seguro obtener ahí alguna información.

Entre los fotógrafos dejaron huella con sus imágenes frescas don Guillermo Pimentel Castañón, Jacobo Martínez, Dimas Rodríguez y José Antonio Hernández, entre otros.

Si don Lalo y doña Chela buscaban la nota de todos los sabores y colores, es decir de todo tipo, ¿por qué no lo íbamos a hacer los que estábamos bajo su mando? Lo hicimos, aunque los asuntos fuertes como los del gobierno estuvieron reservados solo para él y ella, pero poco a poco nos lo fueron soltando hasta que logramos tener dominio del terreno.


Departiendo en el Merendero El Tule, de don Miguel Nájera, en el orden acostumbrado los reporteros: Ángel Soriano Carrasco, Federico Ramírez, Gustavo Santaella Cruz, Jorge Martínez Gracida, Leandro Hernández Romero, Profesor don Fidel López Carrasco, don Eduardo Pimentel, Héctor I. Loyo Muñoz "el Toto", Luis Antonio Santiago, Emilio Rafael Bermúdez y personaje no identificado. Foto: José Antonio Hernández "el Chino". 

Con el ánimo de que el Oaxaca Gráfico ofreciera lecturas más profundas que la mera noticia, en las páginas centrales aparecieron artículos del ministro Alfonso Francisco Ramírez, de los historiadores Basilio Rojas y Guillermo Villa Castañeda, mejor conocido como José María Bradomín; del escritor Andrés Henestrosa, del investigador Alfonso Martínez Berges, del sacerdote doctor en teología Humberto Medina Villegas, del maestro Guillermo Rosas Solaegui, del arquitecto Armando Nicolau, de los hermanos Federico y Dolores Jiménez Caballero, el primero propietario del museo Belber Jiménez; del doctor Francisco Martínez Sánchez, exmagistrado; de don Roque Carrasco Parada, de don Augusto García Moguel y del educador Fidel Carrasco, del notario Jorge Martínez Gracida, del escritor Abel Santiago Díaz, del catedrático universitario Evelio Bautista Torres, del magistrado Mario Vargas, quien de estudiante fue también linotipista en este periódico, y del escritor Julio Ramírez, formador de generaciones de escritores, entre otros.

Don Lalo tuvo muchos amigos y colaboradores permanentes y espontáneos. Uno de los que estuvo muy cerca de él y se convirtió en el abogado del periódico fue Enrique Cruz Viloria, miembro de la asociación de charros, quien hacía sus notas y crónicas; también José Luis Robles con sus aportaciones culturales. El artista plástico y promotor cultural Nicéforo Urbieta Morales laboró de joven en este diario. De ahí que don Lalo haya acuñado la palabra de “joven colaborante”, que nos aplicó a todos.

Cuenta doña Chela en uno de sus libros que don Lalito salía constantemente con su esposa doña Naty, dedicada también a la tipografía, a los alrededores de la ciudad en busca de la noticia y vaya que la encontraba y la escribía al instante. Doña Natividad Blanco García era propietaria de una de las imprentas más grande e importante de la época, que estuvo ubicada antes en la calle de 20 de Noviembre, esquina con la de Trujano; después se pasó también a Matamoros 100.

Esquina donde estuvo originalmente el "Oaxaca Gráfico".

En los últimos años que laboré con él, don Lalo hacía todavía sus recorridos durante las noches con sus choferes Fortunato Chávez, Mardonio Robles o con uno de los reporteros disponible. A veces lo hacían de taxista o socorrista, llevando a parturientas, enfermos o heridos al hospital, además de traer tlayudas, tacos, frutas o lo que encontrara en la calle. Nunca faltaron las famosas flautas que mitigaba el hambre del personal que trabajaba en las noches.

Las mujeres y hombres detrás del periódico, pero que hacían parte fundamental del diario, fueron entre otros los linotipistas Javier Bolaños, quien llegaba a su turno vestido pulcramente, de corbata; el actor de teatro Jesús Valle Araujo, Fausto Orozco e Ismael Antonio Hernández, con sus respectivos ayudantes.

El formador durante mi tiempo de reportero y colaborador era Alfonso Sánchez, pero estuvieron antes Daniel Gómez Sarmiento, quien se convirtió después en líder obrero. Los prensistas fueron Lorenzo N., Miguel García y Camerino Ramírez, también con sus ayudantes. Las que auxiliaron a don Lalo en la gerencia estuvieron las hermanas María Luisa y Hortencia Solaegui, asíEDITOR Y como Tere Martínez Irala. En la administración estuvo don José Noriega, muy puesto en su papel.

Doña Simona, hermana de don Lalo, distribuyó los periódicos durante muchos años en la esquina de avenida Independencia y Porfirio Díaz, donde se imprimió el diario en sus primeros años; después, al adquirirse una moderna rotoplana de entonces, los talleres se trasladaron a la calle de Matamoros 100, donde se integraron a las oficinas de la dirección y redacción. Don Guillermo Pimentel Castañón, sobrino de don Lalo, se encargó de hacer los grabados de fotografía; también doña Matilde, de la misma familia, quien le auxiliaba en este quehacer técnico.


La Tuna Universitaria llegó a la Sala de Redacción a amenizar la jornada del Oaxaca Gráfico, en los 1970's...




Don Gabriel Manuel Quintas y su esposa Judith conservan gratos recuerdos de don Lalo y doña Naty. El señor Quintas maquiló el periódico durante dos años y medio, pero cuando llegó el nuevo intertipo, el cual estrenó Chucho Valle, los trabajos se hicieron ya en casa, pero siguió auxiliando cuando fallaba alguna pieza.

Durante la administración de don Pedro Vásquez Colmenares, don Lalo me visitó algunas veces en la oficina de comunicación social en el Palacio de Gobierno. Platicamos de los problemas de Oaxaca y de las cosas bonitas que tenemos, las cuales habría que atender y difundir, como lo hizo en vida en el periódico a través de prestigiadas plumas y de los reporteros, fotógrafos y colaboradores.

A don Eduardo, don Everardo y doña Arcelia les tocó vivir y hacer periodismo con esfuerzo, amor y creatividad en el Oaxaca de ayer. A ellos acudieron autoridades municipales y sus bandas de música. En la temporada navideña llegó igualmente la Tuna Universitaria con Mario Vargas como director y ejecutante para alegrar la sala de redacción; los jóvenes lo siguieron haciendo varios años después. Luego de tocar y cantar, hubo pan, café y tamales.

Ahora soplan nuevos aires y los retos son los de seguir adelante. Nuestro homenajeado falleció el 30 de octubre de 1984, dejándonos tareas a realizar como se las recomendaron en su momento sus antecesores y contemporáneos.

Oaxaca de Juárez, Oaxaca, diciembre de 2017.

"Cabeza" del diario


Este homenaje se hizo en la Hemeroteca Pública de Oaxaca Néstor Sánchez, el 8 de diciembre de 2017. El presente documento se editó en un folleto, y hoy se pone en la red para que todo aquel interesado en la historia del periodismo de Oaxaca, tenga una valiosa fuente más a su servicio.

Las siguientes son fotos tomadas durante dicho homenaje, que abarrotó la Sala y reunió a amigos y colegas que incluso vinieron de lejos a sumarse al evento.

El escritor, editor y periodista Julio Ramírez, Eduardo Pimentel Blanco, el retrato de Don Eduardo Pimentel Méndez y Claudio Sánchez Islas


El periodista Gustavo Santaella, venido desde Tuxtepec, se unió al festejo.


La Maestra Ana Isabel Vásquez Colmenares Guzmán, Secretaria de las Culturas y Artes de Oaxaca, acompañada del periodista Néstor Y. Sánchez Islas, presidió el homenaje.


El periodista Leandro Hernández Romero, leyendo su semblanza ante el selecto público.




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jueves, 13 de julio de 2017

Líderes históricos de la Universidad Autonóma Benito Juárez de Oaxaca

El doctor Odavías Martínez Soriano, académico de la Escuela de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, presentó el más reciente volumen de su recuento histórico de nuestra Máxima Casa de Estudios. La ceremonia académica, que tuvo una excelente acogida en el Auditorio de Medicina, contó con la presencia del Rector, don Eduardo Bautista Martínez, el Director de la EMyC, Dr. Guilebaldo Cruz Cortés y el autor. En los comentarios estuvimos el Maestro en Sociología don Porfirio Santibáñez y quien esto escribe. Esta presentación ocurrió el pasado 10 de julio de 2017, a las 12 horas, en la ex Hacienda de Aguilera, casa de la acreditada Escuela de Medicina universitaria.

La portada del libro es la siguiente:



Este volumen puede conseguirse en la Escuela de Medicina o solicitándolo a través del correo electrónico siguiente: marso2025@gmail.com

Enseguida viene le texto con que presenté tal volumen. La foto de contraportada, que es muy interesante porque en ella se da pormenor de una reunión en donde coincidieron varios ex rectores, más la Rectora en funciones, doctora Leticia Mendoza. Por último una instantánea que al término del evento académico quedó "para el recuerdo". Va pues, mi texto:

Una foto histórica para nuestra UABJO.



LA PEDAGOGÍA DEL DOCTOR ODAVÍAS

Los libros que ha escrito y publicado el Doctor Odavías Martínez Soriano, y que me ha concedido el privilegio de imprimir y encuadernar en Carteles Editores, son tres. Los dos primeros tomos tratan extensamente la historia de la Escuela de Medicina de la UABJO, de la cual es hijoi. El actual tomo (Líderes históricos de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca”) pone a disposición de sus lectores mucho más que la historia de la Máxima Casa de Estudios en el estado. Vistos en conjunto sus tres libros, salidos de las prensas desde 2012 hasta hoy, me revelan a un investigador acucioso, que a través de su obra editada nos está mandando un mensaje que rebasa el ámbito escolar. Dicha intención autoral, expresada en su prosa prudente y objetiva, es un acierto, pues desea despertar en el lector una actitud reflexiva sobre el futuro de nuestra Universidad, porque tal es el recurso filosófico de la historia cuando se le demanda que sirva para algo.

Hablar de universidades en el mundo equivale a hablar de las maneras en que pensadores y académicos de una época determinada, deciden trazar el que creen sea el mejor camino hacia la modernidad por donde la sociedad deba dirigir sus pasos. Naturalmente, dicho camino debe de pasar a través de sus aulas. Esta mecánica –simplificada por mí– es la fuerza motriz de las épocas. Los cambios generacionales suelen ser una de sus más claras expresiones. Adquiere relieve con las ventajas que nos da la tecnología. El contexto socioeconómico muchas veces la disfraza para mal o para bien, pero no es posible ver su evolución “en tiempo real” si no es a través del recuento historiográfico. Este ensayo tiene esa misión: hacernos ver, como si fuese la película completa, la biografía de la Universidad oaxaqueña, narrada por ella misma desde el momento de su nacimiento en 1955.

La estructura editorial de la obra se sostiene en la reproducción de las actas del Consejo Universitario, cuyos originales forman el valioso archivo documental de la institución. Por ello, este libro será una valiosa herramienta para aprovechar el aforismo socrático del “conócete a ti mismo”. El punto de partida es el quiebre de paradigmas intelectuales que ocurren en 1955, cuando el Instituto de Ciencias y Artes asciende a Universidad. Llegar a ese punto no fue sencillo. Los intelectuales y profesores del Instituto, cuyos nombres vienen en estas páginas, tuvieron que contra argumentar las tesis de quienes se preguntaban ¿de veras Oaxaca necesita una universidad?

El Instituto se había fundado en 1827. Fue en su momento, la vanguardia de la modernidad de una sociedad que reconocía por primera vez los derechos del hombre, entre los cuales estaba el de recibir una educación de calidad gratuita y laica, sin prejuicios de raza o clase social. Había sido posible gracias a la germinación de las ideas que había sembrado el cura y General Morelos cuando tomó Oaxaca en 1812. Por ello, en su origen, abundaron en la cátedra los presbíteros y ex seminaristas republicanos. El Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca forjó entonces, en medio del caos que fue nuestro siglo XIX, la más increible generación de liberales que consolidó los cimientos de la nación mexicana.

Hubo sin embargo un intento anterior de crear la primera Universidad del Sur. El obispo de Antequera–Oaxaca don Diego Felipe Gómez de Angulo recibió la silla catedralicia en 1745ii y al año siguiente ya estaba mandando oficios a Madrid hasta que obtuvo del rey de España licencia para crear aquella primera universidad en 1752, año en que fallece Gómez de Angulo y el proyecto “topa con la Iglesia”, literalmente... El obispo nacido en Burgos, España, quien además era abogado, había asumido el rol de ser el portavoz de una búsqueda de modernidad para Oaxaca cuando en ese entonces ésta gozaba de una prosperidad económica como nunca, gracias a la exportación de grana cochinilla. Los ricos comerciantes peninsulares y criollos ilustrados de Antequera–Oaxaca sufragarían los costos de aquel colegio superior, pero se opuso al plan el alto clero de la capital del virreinato en cuyas manos estuvo la entonces Pontificia Universidad de México... Sus togados no tuvieron necesidad de desperdiciar mucha saliva ni resolver mayores silogismos para darle un rotundo no al rey. Era improcedente fundar una univesidad en Oaxaca por “no poderse hacer dicha fundación en la forma que se propone, no ser necesaria, ni conveniente, y ceder totalmente en perjuicio así de esta universidad, como de los estudios de este reino”.iii

Por tales años del siglo XVIII se estableció en Oaxaca la que fuera la tercera imprenta de la Nueva España. Las dos primeras estaban trabajando en las ciudades de México y Puebla. ¿Para qué se querría tener una imprenta en nuestra ciudad entonces? Para hacer folletería catequética y papelería utilitaria, desde luego, pero sobre todo para hacer libros. Así que estaban dadas las condiciones materiales para que hubiera nacido aquella primera Universidad del Sur, pues podría disponer de la reproducción de libros para sus escolares.

Parece ser el sino de nuestra Alma Mater tener que batirse como leona ante las adversidades económicas, pues si en el siglo XVIII cuando hubo “carne” algún monseñor nos hizo tropezar diciéndonos que era “vigilia”, cuando por fin se funda el Instituto –por decreto oficial en 1827– lo hizo en plan de menesteroso dependiendo de las finanzas públicas estatales que estaban quebradas. Pese a todo ello, cuánto bien hizo a Oaxaca desde entonces.

No es muy distinta ni distante la situación socioeconómica y política de 1955 cuando para modernizarse, el Instituto entrega la estafeta a la Universidad que adoptó desde el inicio el nombre de su ilustre alumno y profesor, el licenciado don Benito Juárez. En las páginas de este libro el lector hallará todas las circunstancias y razones esgrimidas en el seno del Consejo Universitario, por las cuales el Benemérito es nuestro Rector Supremo. La intelectualidad de mediados del siglo XX no solo anhelaban ser modernos, sino precisar y aclarar el rumbo ideal que la naciente institución debía seguir para cosechar los buenos frutos de tal modernidad. Es la época en que nacen su escudo y su himno actuales y resuena en su campus la oratoria clásica, a la manera de Cicerón. Hay buenos ejemplos de ello en estas páginas. Aunque han pasado décadas, aquel ejercicio dialéctico expresado por sus profesores en ceremonias de mucha pompa y circunstancia, conmoverán al lector contemporáneo por su calidad argumentativa y la destreza de su metáfora. Todo eso y más se hallará en estas páginas. Pero también encontrará las horas críticas, aquellas en que la vorágine de sus crisis internas y el caos de contextos externos adversos cobraron vidas universitarias, mancillaron su buen nombre y dejaron en los puros huesos su brillante pasado histórico. Por estar sustentada en las actas de los consejos universitarios, vienen los nombres y apellidos de quienes actuaron de una u otra forma entre los años de 1955 y 2004. Aunque se han publicado otros libros sobre la historia de nuestra Máxima Casa de Estudios, éste se caracteriza por llevar al lector a las fuentes documentales por un camino sin atajos y empleando la mínima subjetividad interpretativa. He aquí uno de sus valores bibliográficos.

Pero así como no solo de pan vive el hombre, la universidad no solo vive de aulas. Libros y universidades tienen una larga amistad fraternal. Puesto que me dedico a hacer libros, permítanme recordar un poco de ello a propósito de esta edición de 680 páginas, que puso al límite la capacidad técnica de nuestra máquina encuadernadora. En la segunda mitad del siglo XV, los libreros, impresores y encuadernadores de libros iban a instalarse alrededor de las universidades, muchas veces subsidiados por éstas. En la Europa renacentista donde nacía una universidad, fuera católica o protestante, allí florecía el oficio nuestro, además del comercio de libros usados. El estudiante que pasaba de año, vendía su texto al librero que lo revendía al alumno que recién ingresaba, pero a un precio menor, por ser de segunda, tercera o cuarta mano... En cuanto pudieron las universidades fundaron sus propios talleres pues la demanda crecía y los profesores escribían los textos que sustentarían en las aulas. La imprenta había nacido en Maguncia y había impreso por primera vez la Biblia en 1450. Desde entonces nos han llovido bendiciones a los que nos dedicamos a este oficio, pero es interesante recordar lo que se pensaba en el siglo XV al respecto: “La imprenta que acaba de descubrirse en Maguncia es el arte de las artes, y la ciencia de las ciencias. Un número infinito de obras que muy pocos estudiantes podían consultar hasta ahora en [la universidad de la Sorbona de] París, en Atenas y en las bibliotecas de otras grandes ciudades universitarias, se ha traducido ahora a todos los idiomas y se ha divulgado por todas las naciones del mundo” iv

Honra la portada de este volumen la efigie de un Juárez triunfante pero ecuánime. La historia de cómo llegó a ese patio esta escultura está incluida en este libro. A mí solo permítaseme recordar que el segundo oficio del nuestro Rector Supremo fue el de encuadernador de libros, tras su afortunado fracasado en Guelatao como pastor de borregos. Encuadernar libros a mano, como lo hizo el niño Benito debió enseñarle secretos que años después le serían muy útiles. Por ejemplo el de la firmeza que a través de la pericia de sus manos el encuadernador debe darle el hilo, a las páginas frágiles pero ordenadas de un libro, para que pese a la rudeza o torpeza con que se le manejare, no se le desencuadernara.

Recuerdo en mi niñez, que alrededor del Edificio Central de la Universidad, estuvieron las imprentas y librerías, papelerías y fotocopiadoras que prosperaban surtiendo de novedades a aquel provinciano universo intelectual de oaxaqueños del siglo XX. Está por escribirse este paisaje universitario–libresco de entonces, pero baste decir que aquella noble tradición de académicos, autores y lectores, sigue floreciendo. Este libro se inscribe en esa antigua amistad entre universidades y libros, autores y lectores, no cabe duda.

Conocía al doctor Odavías Martínez Soriano a mediados de los 90s. Entonces se desempeñaba como Secretario General de la Universidad. Cuando entré por primera vez a su oficina y tomé asiento frente a su escritorio, tuve que estirarme para poder verlo detrás de una montaña de papeles en trámite. Él tuvo que hacer lo mismo para verme, pues ambos somos chaparritos. Resolvimos ponernos de pie y arreglar el caso de unas invitaciones que necesitaba “urgentísimas”... Vivía nuestro autor al servicio de la Universidad al ritmo de un trajín agitado a cualquier hora del día y la noche, pero eso le hizo ver a su Alma Mater desde otras perspectivas, como son las del servicio al alumnado, la de la administración de documentos oficiales, la de las relaciones institucionales con todo el mundo exterior al campus, pero sin glamur ninguno, y a esos afanes agréguense los de las grillas que nunca faltan.

Pero mucho antes el doctor Martínez, cuyo origen mixteco fue muy modesto (Zapotitlán Palmas, Huajuapan de Léon, 1946), como alumno halló en las aulas la redención de su condición de marginado socioeconómico. Por ello no olvida el rol importantísimo del buen maestro que transmite en el salón, con palabras y gises no solo los datos, sino los valores culturales de la humanidad que se cultivan en toda universidad de generación en generación. El alumno debe aprender los rigores de las ciencias, la importancia del método, todo ello objetivo, pero también debe imitar la ejemplaridad de sus maestros: es decir el espíritu de grupo, de servicio y de sacrificio, forjarse una conciencia cívica que le repita que tiene un deber para con la sociedad que sostiene a la escuela que le alberga temporalmente. Conocimientos y virtudes van de la mano en los campus universitarios.

Por ello es digno de celebración que el doctor Odavías Martínez Soriano, autor y protagonista durante algunas décadas en la UABJO, nos ofrezca estas páginas con el afán, creo yo, de decirnos a los universitarios: así es como llegamos a este punto, así fue como se picó piedra, de esta manera tropezamos y de esta otra nos pusimos nuevamente de pie, aunque con mucho sacrificio. Entérate y reflexiona como hijo de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, por favor, conócete a ti mismo.

Claudio Sánchez Islas.
Carteles Editores.
10 de julio de 2017.

Notas:
1. Tomo I: “Grandes maestros de la enseñanza de la medicina en Oaxaca: 1827–1954”, publicado en 2012 y el tomo II: “La enseñanza de la medicina en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, 1955–2010, de su consolidación a su acreditación”, publicado en 2014).
  1. II Plan Diocesano de Pastoral, 2016–2020. La nueva evangelización. Arquidiócesis de Antequera–Oaxaca”. Oaxaca. 2016. p.21)
  2. Traffano, Daniela. “De educación superior en Oaxaca en el siglo XVIII”, en Testimonios del Cincuentenario”. UABJO–Fundación Harp Helú Oaxaca. Oaxaca. 2006. pp.13- 26).
  3. Febvre, Lucian y Henri Jean Martin. La aparición del libro. FCE–Conaculta. México. 2005. p. 198.
En el orden acostumbrado: Porfirio Santibáñez Orozco, 
Odavías Martínez Soriano y Claudio Sánchez Islas.



miércoles, 24 de mayo de 2017

Anselmo Arellanes Meixueiro ha muerto...



In Memoriam Anselmo Arellanes 
Por Manuel Esparza 

Son muchos los aspectos de la vida del amigo que ya no está que se vienen a la memoria. Uno inevitable es el del difícil camino de salir de la pobreza. Anselmo vivió en una barriada brava de la ciudad de Oaxaca en una casa típica de los años 40 del siglo pasado de piso de tierra y patio trasero suficientemente grande para meter ganando que su papá compraba en los pueblos del Valle para luego llevarlos al rastro. Por ser el hijo mayor de 14 hermanos desde niño aprendió, a veces a golpes e insultos, el oficio de carnicero de su padre. A los 8 años tuvo que dejar la inconclusa primaria para ir a trabajar de empleado y ayudar así a su madre con los gastos de tan numerosa familia. En el día, de empleado en El Mundo Elegante de Faustino Díaz García y en la tarde terminando primaria nocturna en la Miguel Alemán en 1948. Logró del asturiano que le diera tiempo para estudiar la secundaria a cambio de salir hasta las seis de la tarde incluso los domingos, y estudiar así de seis a ocho cada día.

No le gustó tampoco ser empleado y entró al CRENO a estudiar normal a los 20 años y durante los tres años siguientes de estudios ayudaba a su mamá ya viuda vendiendo dulces en la ciudad. En 1964 como profesor rural fue a enseñar a Santo Domingo Petapa en el Istmo, luego en San Juan Teitipac y Abasolo. Entre tanto, en las noches en la Prepa # 1 siguió sus estudios. En 1968 fue a México donde tomó cursos en Tele Secundaria y entró a la UNAM a estudiar Economía a los 28 años. Con beca de CONACYT sacó maestría en Economía en 1975. No se le olvidó los cursos de Telesecundaria y en Netzayalcoyolt donde vivía comienza en un terreno baldío (¨expropiado¨) la construcción de unas improvisadas aulas con la ayuda de los que querían estudiar que se robaron las láminas de la estatua de Miguel Alemán en la UNAM. Anselmo era el director y su hermano Jesús y Tuti su futura esposa, también enseñaron ahí. Ya para 1980 está el matrimonio de regreso en Oaxaca.

El doctorado lo estudió también en la UNAM con las facilidades que le dio el Tecnológico de Oaxaca donde tenía plaza. Se recibió en 1994, en su carrera mucho le ayudó uno de sus sinodales Carlos Martínez Assad por quien siente un gran agradecimiento. Tres grandes momentos en su vid quiso recordar y un detalle íntimo cuando fue entrevistado el año pasado. El llamó parteaguas en su vida el haber entrado en la Normal, ¨me cambió la vida¨ dijo, pues de lo contrario hubiera sido quizá carnicero o vendedor de ropa. Ese primer nivel lo llevó a otro parteaguas, el Tecnológico de Oaxaca donde la investigación y dirección de tesis fueron de una gran satisfacción. El tercer momento de su vida, fue su esposa Tuti, sus hijas Nimpsy, la Beba y aunque lejana pero siempre al tanto de su salud, la Yeya. Ellas junto con Juanita dijo que le hacían llevadera la enfermedad que lo tenía prácticamente inmovilizado. Los cuidados de ellas, bajarlo, subirlo, llevarlo a México, lo agradecía tan expresivamente que llamaba la atención en un hombre que hasta el final no pedía a los amigos que lo fueran a ver, los recibía bien, como toda su vida, si de ellos salía visitarlo.

El detalle íntimo era que a pesar de los años, el haber estado de niño al lado de su padre en la compra, sacrificio de animales, corte y venta de la carne lo tenía tan presente que lo seguía sintiendo parte de su identidad. Nos quedó a deber la historia de su participación en la lucha sindical para deshacerse de los líderes corruptos que manejaban al magisterio y obligan a los maestros a recibir credenciales del PRI. Fue el inicio de la CNTE que veía él que con el tiempo también se corrompió. Sin embargo, su experiencia como maestro rural y su seguimiento del movimiento magisterial lo hizo crítico de la reforma educativa que es más bien laboral y de control de la disidencia sindical independiente, opinó que el magisterio no se niega a la evaluación, pero que ésta tiene que ser diferenciada en el caso de Oaxaca.

Los que hicimos con él varios proyectos, el periódico CAMBIO con Ismael Sanmartín, catalogar innumerables documentos en el Archivo General del Estado, escribir artículos y libros colectivos con la asesoría de Claudio Sánchez, gozar de la hospitalidad de su familia no sólo para celebraciones sino otras veces en busca de consejo con razón lo llamábamos nuestro patriarca. Y como a tal, le tocó marchar primero. Adiós querido Chemo.

Oaxaca. 24 de mayo de 2017.