jueves, 28 de julio de 2016

Bóvedas mexicanas de adobe y ladrillo, de Ramón Aguirre Morales

Salió a la circulación el libro del arquitecto Ramón Aguirre Morales titulado "Bóvedas mexicanas de adobe y ladrillo", un texto que reúne toda la experiencia del autor, pero fue escrito para servir de manual para los arquitectos, maestros de obra, bovederos y diseñadores de espacios interiores. Su portada es la siguiente:


Fue presentado en la ciudad de Oaxaca por su autor, el prestigiado académico de la UNAM Carlos González Lobo, Fabricio Lázaro y Prometeo Sánchez Islas –todos arquitectos–, en la Casa de la Ciudad el 8 de julio, en esta ciudad de Oaxaca, con un auditorio lleno a reventar.


De izquierda a derecha: Prometeo Sánchez, Fabricio Lázaro, Ramón Aguirre y González Lobo.

El libro fue impreso en Carteles Editores y lleva cientos de fotografías para conducir paso a paso al interesado en hacer sus bóvedas de ladrillo, adobe, o ambas a la vez. Es un procedimiento constructivo más económico que la loza de cemento y mucho más bello. Los elogios para este Manual no se hicieron esperar. Para que el lector sepa los contenidos, reproducimos su Índice y enseguida los textos introductorios que avalan tan buen libro. Para ornato ponemos imágenes tomadas durante la presentación y luego la comida celebratoria que se realizó en la Fonda San Diego, del Mercado de La Merced, entre moles, tlayudas y mezcales y donde la famosa Lila Downs estuvo con el autor y sus amigos celebrando esta novedad editorial, pues ella decidió usar este sistema de bóvedas en su domicilio.

Va pues el:





El autor y el Dr. González Lobo


Hay todo un fundamento teórico y filosófico acerca de hacer este tipo de bóvedas. Por la trascendencia que tiene, reproducimos con la venia del autor los textos que acompañan al libro, que un mes mas tarde se presentó en Francia y Alemania:
Prólogo
Profesor Hubert Guillaud, CRAterre
Responsable de la cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra


La forma de cúpula (o domo) como cubierta de un espacio circular es probablemente mucho más antigua de lo que podemos suponer, a la luz de los estudios sobre la arquitectura “sabia”. Las investigaciones antropológicas sobre hábitat popular, específicamente sobre construcciones nómadas, han puesto en evidencia que esta forma de cubierta en bóveda pudo haber derivado de una primigenia forma cónica, la cual evolucionó hacia la forma ovoide y posteriormente semicircular. Hacemos aquí referencia a estructuras de madera (ramas de árbol conectadas entre sí en la cima y apoyadas en el piso): cabañas circulares recubiertas de vegetales o entramados de ramas recubiertos de tierra (Maïni, 2003; 2016, 3). Este tipo de hábitat se remontaría a las épocas neolíticas en distintas regiones del mundo. De esta manera, el espacio circular y la « forma » de cúpula han sido desde tiempos inmemoriales una expresión constructiva recurrente en los espacios habitados y constituye una herencia milenaria transmitida por la memoria colectiva.
La capacidad de los constructores para realizar las primeras bóvedas y cúpulas en piedra o en adobe se remonta a la antigüedad. Inicialmente, estas fueron las formas más comunes de cobertura de edificios sagrados, principalmente sepulturas. Las tumbas tholoï, de planta circular, fueron descubiertas en la isla de Chipre en el sitio arqueológico de Khirokitia, fechadas en el V milenio antes de nuestra era. Estas tumbas, ¿habrían sido recubiertas con cúpulas en voladizos, o con techos de forma cónica de paja sobre estructura de madera o tal vez con techos planos? Las tres hipótesis, todas posibles, han sido largamente confrontadas por los arqueólogos. La hipótesis de cúpula es actualmente la más aceptada, al menos por las construcciones de planta circular (Le Brun, 1989), sin embargo, permanece en debate en el caso de los tholos. En Micenas, antigua Grecia, la tumba del rey Atreo (inicios del s. XIV antes de nuestra era) está cubierta de un domo de piedra en voladizos sucesivos que le otorga una forma cónica. Los estudios del arqueológo francés Roland Besenval (1984) sobre los antiguos modos de construcción en bóveda y cúpula han puesto en evidencia la evolución de estos sistemas de cubierta en las civilizaciones del Antiguo Oriente. Los actuales territorios de Irán e Iraq y las regiones del Asia central, en numerosos sitios, son testimonio de ello. Estas cubiertas en bóvedas y cúpulas fueron construidas, durante siglos, en adobe. En efecto, Besenval sitúa la aparición de las primeras cúpulas en el norte de Iraq, en el sitio de Tell Arpachiyah, sobre un tholos de planta circular, parcialmente enterrado. Sus muros de 25 cm de ancho, fueron construidos en adobe con un aparejo en voladizos sucesivos desde el nivel del piso y conservados hasta una altura de 85 cm (Ibid, vol. 2, Pl. 102). Las cubiertas en bóveda fueron más ampliamente adoptadas en el transcurso del tercer milenio antes de nuestra era. Generalmente, se trata de bóvedas de cañón formadas por arcos consecutivos construidos con ladrillos radiales (como en el sitio de Tell Asmar en Iraq meridional, Ibid, Pl. 62 et 65). Por otra parte, en Egipto, en la ribera oeste del Nilo a la altura de Luxor, podemos observar aún los famosos graneros de Ramses II, cubiertos de bóvedas de adobe de varios tramos edificados según el método de las bóvedas nubianas (sucesión de arcos inclinados de adobe apoyados sobre muros perimetrales). En Irán, en la época elamita (1200 años antes de nuestra era), el palacio hypogea (tumbas) del famoso sitio de Tchoga Zanbil, donde culmina uno de los más bellos zigurat del espacio mesopotámico, demuestra un manejo perfecto de las bóvedas con cimbra, de cañón y de ladrillo cocido, las cuales substituyeron paulatinamente a los adobes. En la era romana, las bóvedas de ladrillo cocido fueron comunmente utilizadas para la edificación de termas y otras obras hidráulicas. En Europa occidental, al término de la era medieval, la arquitectura de las iglesias romanas desarrolló las cubiertas a base de bóvedas de cañón en piedra. En Italia, a partir del Renacimiento, se valorizaron las cubiertas en bóvedas sobre las naves y en cúpula sobre los coros de las iglesias y catedrales, con obras de arquitectos reconocidos (Giotto, Arnolfo di Campo, Francesco Talenti). Estas edificaciones en piedra fueron mayormente construidas sobre cimbras o encofrados. Filippo Brunelleschi diseñó el domo de la Catedral Santa Maria del Fiore de Florencia para que fuese edificado con doble casco de ladrillo cocido sobre una base (o tambor) octogonal, reduciendo así al máximo el uso de andamios. Los sistemas constructivos de ladrillo cocido se desarrollaron notablemente en la arquitectura islámica, más alla de la Hégira (año 622), con la contrucción de las mezquitas y de los edificios con iwanes. En España, las influencias del Islam introdujeron el ladrillo cocido recién a partir de la época almohade, en la segunda mitad del siglo XII. Desde ese entonces, este se impuso en la arquitectura árabe hasta el siglo XV, particularmente en las zonas de influencia de Sevilla y Zaragoza (Aruguas, 2003, 283). Recordemos también que en la arquitectura popular, las cubiertas en bóvedas y cúpulas permanecen asociadas a ciertas tradiciones destacadas como los trulli, en la región italiana de Apulia, hábitat cubierto por domos de piedra laja en voladizos sucesivos, de forma cónica. Estas mismas cúpulas, en su versión con ladrillo cocido, son igualmente notables en Siria (Bendakir, 2008), en el hábitat de la región de Alepo. Hagamos referencia además a las viviendas situadas a proximidad de Asuán, en Egipto, cubiertas por bóvedas nubianas y a las tumbas del cementerio cristiano copto de Al-Bagawat (III – VII siglos antes de nuestra era), en el oasis de Kharga, con sus domos sobre pechinas, los cuales inspiraron directamente la obra arquitectural de Hassan Fathy para el reconocido pueblo de New Gourna (1970) y numerosos proyectos de villas, escuelas, mercados y demás edificios públicos (Steele, 1988).
Asimismo, la cultura constructiva de bóvedas y cúpulas, de piedra y de adobe, tiene más de 5000 años de antiguedad y aún trasciende en el tiempo. En la arquitectura pública oficial, estos tipos de cubiertas, gruesas y pesadas, que demandan gran cantidad de mano de obra, han sido progresivamente descartadas para privilegiar técnicas más ligeras, como el ladrillo cocido. Por ello, en la arquitectura popular, son las culturas constructivas de la bóveda catalana o mexicana las que se han impuesto. Cabe mencionar también técnicas más recientes e innovadoras desarrolladas por constructores reconocidos del siglo XX como Eladio Dieste en Uruguay. Sus bóvedas gaussas, sus bóvedas de doble curvatura autoportantes en cerámica armada, sus paredes delgadas de superficies regladas. Así como la obra de Eduardo Torroja en España, o de Félix Candela en México, con sus paraboloides hiperbólicos. El trabajo del arquitecto Ramón Aguirre Morales se inscribe dentro de esta corriente que reúne sabiduría popular y conocimiento académico, tradición e inovación. Con audacia y creatividad, busca revitalizar el lenguaje arquitectónico de las cubiertas de bóvedas y cúpulas de adobe o de ladrillo cocido con otros fines, hoy en día inducidos por la necesidad de un desarrollo local y sostenible frente a la globalización de la industria de la construcción.
El libro que propone Ramón Aguirre Morales expresa tanto el deseo de mantener una trayectoria cultural heredada de México –y más ampliamente de América Latina– como la voluntad de revalorizar conocimientos y aptitudes que forman parte de la cultura y de la memoria popular, amenazadas por la presión de la industria de la construcción. A través de su labor, dirigida tanto hacia la vivienda como a los edificios de la esfera pública, busca ofrecer respuestas constructivas accesibles y de simple fabricación para el beneficio del mayor número de personas. El “pensamiento constructivo” de Ramón Aguirre Morales indaga más allá de las cuestiones de relación entre materia, material, espacio, estructura y forma, y lidia con los retos y desafíos de nuestras sociedades enfrentando los peligros que amenazan nuestro planeta Tierra. Al revalorizar los sistemas constructivos en bóvedas y cúpulas sin cimbra, conjugando retos estructurales y formales en un lenguaje simple y claro, Ramón Aguirre Morales nos recuerda también la escala del espacio auto-construido de la vivienda. Anda de la mano con los artesanos de la arquitectura y valorizan juntos la cualidades propias de los materiales locales, el adobe y el ladrillo cocido, sin manierismos estructurales ni estéticos. Su visión generosa se entrega como una ofrenda de todas la herramientas y claves transmisibles, contribuyendo al despertar imprescindible de una misión social, ambiental, económica y cultural para una arquitectura humanista.
Grenoble, 27 de abril de 2016


Bibliografía
Le Brun (éd.), Alain, 1989. Fouilles récentes à Khyrokitia (Chypre) 1983-1986. Etudes Recherches sur les civilisations. Mémpoire n° 81. Paris: ADPF. 288 pp. XIV planches, 71 figures. By Trevor Watkins.
Maïni, Serge, 2003, 2016. Building with arches, vaults and domes. Training manual for architects and engineers. Auroville.
Besenval, Roland, 1984. Technologie de la voûte dans l’Orient Ancien. Paris. Editions Recherche sur les civilisations, synthèse n° 15, Tome 1, 196 p. et tome 2, 224 planches.
Aruguas, Philippe, 2003. Brique et architecture dans l’Espagne Médiévale (XII° - XV° siècle). Madrid. Bibliothèque de la Casa de Velásquez. Vol. 25.
Bendakir, Mahmoud, 2008. L’architecture de terre en Syrie. Une tradition de onze millénaires. Grenoble. Editions CRAterre-ENSAG.
Fathy, Hassan, 1970. Construire avec le peuple. Histoire d’un village d’Egypte. Gourna. Paris. Editions Sinbad.
Steele, James, 1988. Hassan Fathy. Londres, Academy Editions. New York, St. Martin’s Press.

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Se hizo la cola para la firma del libros por el autor.


Introducción
Por Ramón Aguirre Morales


El rescate de sistemas constructivos probados, es una demanda que exige la forma de construcción actual. La intención de este libro es demostrar las ventajas de uso de las llamadas bóvedas mexicanas, las cuales forman parte de una tradición que podría arraigarse en cualquier parte del mundo para satisfacer las necesidades de vivienda y otros espacios públicos.
Pretendo, de una manera práctica, la reivindicación el rol que juegan el adobe y el ladrillo en las cubiertas. Ambos son materiales sumamente bondadosos, cuyas características se adaptan a cualquier tipo de construcción y que, lamentablemente por su falta de uso y conocimiento, casi han desaparecido, aunque, indudablemente, responden a las necesidades actuales. El conocimiento que he adquirido y aplicado en la edificación de cubiertas con esta técnica durante los últimos 25 años me ha permitido comprobar sus ventajas en cuanto a costos y confort, reduciendo al mínimo el consumo de energía y, por lo tanto, la contaminación.
La tendencia mundial de nuestros tiempos se caracteriza por la fuerte competencia entre las empresas por colocar sus ideas y productos ante los ojos del mejor postor, a veces sin importar la aplicación de artimañas que perjudiquen al consumidor y por la carencia de escrúpulos por obtener más dinero, poder o prestigio. Por otra parte, la decisión de compartir saberes de la construcción tradicional en lugar de competir deslealmente, podría ser una solución para muchos de los problemas que agobian a este planeta, entre los cuales destaca el de la vivienda.
Las bóvedas de ladrillo y adobe ofrecen virtudes que están en sintonía con el contexto social e histórico de México y América Latina, y son una aportación genuina de nuestra cultura a un mundo que se ha enriquecido con nuestras tradiciones durante siglos. La arquitectura regional ha surgido de la vida diaria de un pueblo y de su herencia cultural: sus creencias, ritos, tecnologías y patrones de comportamiento, todo lo cual se transmite, como una herencia genética, en sus expresiones estéticas y en los espacios que el hombre edifica para su uso. Es por ello que esos espacios se constituyen en parte fundamental de su rica identidad.
Mi propio reto, como arquitecto, es cubrir el espacio arquitectónico con técnicas estructurales simples, mediante la utilización adecuada y racional de los materiales, tal como explica Dieste, el genio de la cerámica armada.
El ladrillo tiene un módulo de elasticidad menor que el hormigón, lo que es una ventaja y no un inconveniente, porque da a la estructura una mayor adaptabilidad a las deformaciones. El riesgo del pandeo, si existiera, puede obviarse usando soluciones como las que empleamos en las cáscaras gaussas, que incrementan muy poco el peso y el costo.
Los principios que determinan la concepción de las formas en la arquitectura, encuentran su origen en las estrechas relaciones entre la escala, el material y la naturaleza de sus fuerzas y de sus leyes, con las necesidades específicas de cada sociedad. De ahí surgirán los actos de construcción que proyecten la propia síntesis hacia espacios en los que puedan germinar nuevos principios universales, fáciles de levantar, con equilibrio entre los seres humanos y más apegados a la naturaleza.


La mesa celebratoria en la Fonda San Diego... En la fila de la derecha, doña Anita Sánchez, el hermano del autor, Paul Cohen y Lila Downs y Alma A. Chávez Rodríguez, diseñadora del libro y esposa del autor... A la izquierda: amigos, Prometeo Sánchez, el autor Ramón Aguirre y su mamá.


Introducción
Por Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Las cúpulas nos desafían desde dondequiera que se les mire.
El primero de ellos es conceptual, puesto que para gestar una de ellas se requieren habilidades de composición espacial y de trabajo material, que no son fáciles de manejar por mentes no entrenadas. Esa es la razón por la que las cubiertas curvas, sean cúpulas o bóvedas, en cualquiera de sus variantes, representan el clímax de cada una de las etapas constructivas de la humanidad, así como la depuración estilística de cada civilización.
El siguiente reto es funcional, puesto que la curvatura del espacio arquitectónico, en elevación, induce a los seres humanos a moverse de forma más orgánica, aun cuando los contornos, sean muros o columnas, estén constreñidos a un diseño basado en ángulos rectos. La mejor prueba se encuentra en las mezquitas clásicas, en las catedrales medievales y en los domos de la arquitectura contemporánea. Por lo tanto, construir una cúpula implica también el rediseño de las funciones en la planta arquitectónica, lo que a su vez se traduce en torcer algunos muros, abrir o cerrar nuevos vanos (a veces cenitales) y provocar perspectivas interiores novedosas e impactantes.
El tercer reto es estructural, ya que las formas y soportes de cada cubierta curva deben provenir de cálculos específicos o de largos años de rutinas pragmáticas, ambos difíciles de obtener, pero que le permiten al diseñador discernir la solución formal en función de la distribución de las cargas, casi por inspiración divina. Esto es particularmente satisfactorio para autores como Ramón Aguirre, a quien sus maestros bovederos le han dicho que no creen que “eso que han hecho con sus propias manos, se sostenga”.
El cuarto reto es constructivo y es el más difícil pero al mismo tiempo el más fácil de todos, cuando se trata de cubiertas basadas en la tierra, ya sea cruda o cocida. Consiste en hacer acopio de los materiales regionales, en darles forma a las piezas sueltas del gran rompecabezas, en saber trazar las guías curvas en un espacio en el que no hay cimbras, en utilizar las herramientas y los andamios idóneos, en calcular la época del año más propicia y en capacitar permanentemente al personal que intervendrá en la edificación. Se dice que es fácil porque los materiales y herramientas son tan básicos que se encuentran casi en cualquier rincón del planeta; sin embargo, la dificultad estriba en convencer a los interesados –usuarios y autoridades– de que esa es una forma segura de cubrir los espacios, aun cuando se aplique un mínimo de materiales industrializados y se utilice mano de obra local, ya que implica la reeducación sobre los valores propios de cada región, lo cual genera toda una revolución mental.
El quinto reto es normativo y eventualmente es de los más difíciles de sortear, puesto que los reglamentos de construcción por un lado, y los programas académicos de las universidades, en muchas ocasiones estorban y hasta se oponen a esta clase de soluciones constructivas, pues se salen del cartabón funcionalista más ortodoxo, a lo cual hay que sumar la limitada capacidad de análisis y de decisión de muchos burócratas y profesores acartonados.
En el presente libro, Ramón Aguirre aborda, desde su propia visión de la vida y basado en su experiencia de 25 años, los cinco retos de construir cubiertas con adobe y con ladrillo, con el fin de ilustrar a todos los interesados, de cualquier nivel educativo o socioeconómico, sobre cómo resolver sus necesidades de espacio aprovechando la tierra circundante. Su convencimiento de que la Tierra, nuestra gran casa, debe ser preservada, le convence de difundir estas renovadas “viejas sabidurías” mediante las cuales se evita el dispendio energético que provocan los materiales más industrializados y los interminables ciclos de transporte y de desechos. Él, como todos los constructores basados en sistemas tradicionales, saben que los productos de tierra algún día retornarán a su origen y serán reabsorbidos o reciclados, de una forma muy natural y económica, provocando un casi nulo impacto al medio ambiente. Es una visión responsable a escala de la civilización.
El material del libro está organizado en capítulos que van desde las condiciones preliminares para construir una bóveda, hasta la tipificación de superficies en función de su geometría y se concluye con recomendaciones sobre las herramientas, el mantenimiento, los criterios estructurales y la capacitación de constructores. A lo largo del libro se utiliza ampliamente la palabra bóveda, aunque en ocasiones se refiere a cúpulas, por lo que solicitamos al lector su comprensión para ese tipo de “volúmenes de revolución”. También se utiliza la palabra “ladrillo” como una aplicación genérica de las piezas también llamadas “tabiques”, que en México son paralelepípedos sólidos de arcilla cocida, de dimensiones más pequeñas que las utilizadas para levantar muros, y que por los procedimientos constructivos genéricos que se describirán, pueden ser entendidos, en ocasiones, como “adobes” que son las mismas piezas, pero de tierra cruda. Por ello, cuando se trate de recomendaciones específicas, se aclarará si se trata de productos de tierra cocida o cruda.
Los textos de este volumen fueron construidos a partir de entrevistas del suscrito con el autor, realizadas en la ciudad de Oaxaca, México, a lo largo del año 2015. Las fotografías pertenecen a las obras construidas por Ramón y a los talleres en los que él participó. El apoyo en la realización de los talleres y su documentación estuvo a cargo de Jazmín Cruz Martha y Concepción Odily Sigüenza Varela. El diseño editorial gravitó sobre los hombros de Alma Angélica Chávez Rodríguez.
La primera edición en español se pudo realizar gracias al financiamiento aportado por los siguientes generosos patrocinadores: UABJO, Fundación Amigos de la Hemeroteca Pública “Néstor Sánchez” de Oaxaca, Transportes Ricabe y Arcilla y Arquitectura S.C.


A la hora de los brindis Paul Cohen y Lila Downs celebraron al autor...


Arq. Valentina Méndez, haciendo su brindis por el libro "Bóvedas Mexicanas de Adobe y Ladrillo"... ella tuvo el buen tino de sugerir ir a comer como Dios manda al mercado.



3 comentarios:

  1. Lindisimas tradiciones Méxicanas!

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  2. donde se puede conseguir, este libro, que me interesa sobremanera, se puede conseguir en forma electrónica, saludos y felicitaciones al arq. Ramon Aguirre

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  3. Por favor póngase en contacto con el autor pues él se lo podrá vender directamente:
    aguirre30@msn.com
    Gracias.

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